Así son las ingenieras españolas. Yo Dona

Pino Pliego, fundadora y gerente de Pino Forestal Ingeniería, S.L; Lola Norte, directora de Proyectos Energéticos en Técnicas Reunidas S.A.; Pilar Tejo, socia directora de Teirlog Ingeniería, y Carmen de Andrés, presidenta de Creatividad y Tecnología, S.A. (CYTSA). Fotografía de la Revista Yo Dona

 

 

 

No hace mucho leía un reportaje en la revista Yo Dona sobre cómo son las ingenieras españolas y cómo que se movían en un mundo copado por hombres. Todas hacían referencia a las dificultades a las que se habían enfrentado desde que comenzaron sus estudios y experiencia laboral para desarrollar una profesión en la que habían invertido mucho tiempo e ilusión en prepararse.

El reportaje me hizo volver la vista atrás y recordar mis años de estudiante. Mi incorporación a la vida universitaria fue en una carrera difícil, exigente y a la que tendría que dedicar todo mi esfuerzo y capacidad: Ingeniería Técnica Industrial.

Corría el año 1988. En aquellas clases en las que nos reuníamos más de cien alumnos, todos éramos hombres excepto cinco mujeres a las que el resto de alumnos las considerábamos como lo que eran: compañeras de estudio. Este tratamiento no fue tan respetuoso por parte de algunos profesores que consideraban que los estudios de Ingeniería Técnica Industrial, que ese año comenzábamos, no eran propios de una mujer. Por no sé qué criterio, ellos pensaban que una mujer es más apta para unas profesiones que otras. Siguiendo ese razonamiento, lo mismo sería aplicable a los hombres y aunque nadie lo preguntó, me puedo imaginar sus respuestas al considerar que un hombre pueda elegir como profesión enfermero o farmacéutico.

Ellas tenían que ser fuertes, demostrar más, luchar más, estudiar más, superarse más y, lo que más esfuerzo les requería, encontrar su sitio diariamente en un entorno adverso. Pero ellas estaban dispuestas a todo para conseguir su objetivo, que no era diferente al resto de alumnos: convertirse en ingenieras.

Poco a poco se fueron ganando el respeto de profesores y alumnos: formaban grupos de estudios, de prácticas, nos “pasaban” sus apuntes, nos animábamos cuando la dureza de las asignaturas las hacía parecer insuperables. Ellas eran las que levantaban la mano sin complejos para resolver sus dudas y las del resto de compañeros…ellas eran parte de la clase y nuestras amigas.

Tuvieron que soportar comentarios del tipo “la visión espacial es más difícil para una mujer” o “en esta carrera hay que estudiar mucho y no es compatible con las labores de casa”. Eso lo soportaban con la cabeza bien alta y el espíritu fuerte; incluso parecía que ese ambiente tenía el efecto contrario porque su determinación se fortalecía.

¡Y vaya si lo hacía! Pueden imaginarse quién fue el mejor expediente de mi promoción…efectivamente, una mujer. No recuerdo su nombre porque han pasado ya muchos años, pero aquella mujer fue superior a todos. Su esfuerzo, su tesón, su paciencia y su infinita voluntad de hierro hicieron de ella un ejemplo a seguir por todos…no se me olvidará.

No sé qué habrá sido de ella, probablemente estará desarrollando una actividad profesional acorde con su capacidad. Otras compañeras con las que sí he mantenido contacto ocupan cargos de responsabilidad compatibilizando la profesión con la vida familiar ¡todo un logro!

Aquellos profesores no supieron o no quisieron ver el potencial, la valentía y el espíritu de sacrificio de aquellas cinco mujeres a las que la adversidad solo consiguió hacerlas más fuerte, porque esa, precisamente, es su naturaleza.

José Díaz es Ingeniero Técnico Industrial y Máster en Generación eléctrica

 

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