Mujeres Valientes está de vuelta

 

El verano se ha terminado... Estamos de vuelta

 

Ha llegado septiembre. Retorno al trabajo y a primera hora, besos sonoros en la oficina a los compañeros que van llegando después de todo un mes de relajación.

Yo, concretamente, estaba dispuesta a “hacer algo” durante las vacaciones. Pensaba realizar algunas llamadas, organizar la agenda, enviar algunos mails… Nada de nada. No he hecho absolutamente nada y es que necesitaba parar la mente, parar el cuerpo, parar mi vida.

Os prometo que me hice el propósito de trabajar “un poquito”; incluso me lleve el ordenador en el coche dispuesta a encenderlo todos los días para no perder el ritmo. Quería poner en práctica algunas de las cosas que tenemos preparada para este año pero tal y cómo lo coloqué cuando llegué, así me lo encontré el día que lo recogí para meterlo en el coche y volver camino del otoño. Y es que cuando paras es cuando te das cuenta del agotamiento acumulado de todo un año.

Un año lleno de trabajo y proyectos pero también muy cansado porque ha sido muy intenso en todos los sentidos. Y digo en todos los sentidos porque también hay que sumar lo personal y aunque queramos separar ambos caminos, al final todo confluye y el resultado es el previsto y la frase común a todas: ¡Dios mío, qué cansada que estoy!

Esos eran mis buenos propósitos pero lo cierto es que durante todo este mes mi máxima aspiración ha sido bajar a la playa, contar olas, leer las recomendaciones literarias de Viki Román, escuchar el silencio, pasar buenas horas en el chiringuito, encontrarme con los amigos que veo, de año en año, a pie de hamaca. Coger el coche lo mínimo, hacer las comidas muuuuuuy largas. En definitiva: DESCANSAR.

¡Dios mío, qué cansada que estoy!

Necesitaba parar. Dejar el móvil en casa más de un día. Olvidarme de las redes sociales, contestar al mínimo los wasap, salirme de algunos grupos. Dejar aparcado en el arcén de septiembre los pequeños y grandes problemas… Vivir el presente junto a los míos, estar con el hijo que se ha independizado y al que apenas he visto una semana (Cómo me gustaría volver a escuchar el grito playero de ¡Mamá tráeme la pala que voy a hacer un castillo para ti enterito!). Hacerme a la nueva vida junto a mi pareja porque, aunque no lo creáis, ahora estoy viviendo mi noviazgo y ¡madre mía, qué aventura!

Flotar en el agua “bendita” y cálida de ese Mar Mediterráneo que me recibe como la hija pródiga que soy. Pisar la arena descalza. No arreglarme… Vivir pegada a una cola de caballo sin apenas pintarme ni quitarme el sombrero que me protege del sol (os acordáis cuando no utilizábamos protección solar, pues ahora llevo 90SPF) . No utilizar tacones y recuperar mi estatura natural (1,56 cm).

 

El mundo visto desde el Veleta

 

No he hecho nada especial porque tampoco me ha hecho falta. Ahora que lo pienso sí que he hecho algo especial: he subido al Veleta y he visto el mundo reflejado en un lago a 3.000 metros. He estado en una romería como las de antes, con carreras de cintas y orquesta de pueblo. He visto el cielo de crochet en Capileria (uno de los pueblos más bonitos de España). He caminado por la playa infinita de Zahara de los Atunes. He visto la luna llena más cerca de mí que nunca, he contemplado muchos atardeceres gratis y distintos y he sido, cada minuto de todos esos días, feliz… MUY FELIZ.

 

Cielos de crochet en Capileira

 

Así que aquí estoy… Aquí estamos con fuerzas renovadas, ganas de trabajar y con muchas propuestas para un año lleno de Mujeres Valientes

¡ESTAMOS PREPARADAS!

 

María José Andrade es periodista y fundadora de Mujeres Valientes

 

 

 

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