Tu madre me ha dicho que hay algo que te preocupa, que no sabes cómo afrontarlo y que ha llegado a obsesionarte ver como las estrellas se posan en tu cuerpo.

De repente, tu piel ha empezado a cambiar y determinadas zonas se cubren de manchas blancas que salen sin explicación alguna, obligándote a recorrer cada día tu cuerpo, a usar miles de cremas, lamentándote de verlas, de que no desaparecen y de tu suerte, de tu suerte…

No te asustes, cielo mío. Le han puesto el nombre de vitíligo y sólo saben que en algunos casos es genético y que afecta a nivel psicológico a muchas personas, el tratamiento es complicado ya que no se conoce a qué obedece su evolución, pero amor, no debes asustarte. Si no saben nada, quién te dice que no es otro color de piel y si es así. Estigmatizarla es poner una absurda barrera a la diferencia.

Tu madre dice que repites cada día antes de salir: el vitíligo no existe. Que tienes pesadillas con que invaden tu rostro, que tienes un ritual tedioso y largo para ocultarlas, que estás dejando de salir con tus amigos, que tu cara ya no refleja la sonrisa que adoro, que te sientes perdida y sola…

¿Sabes amor?, no tenemos tanto tiempo

Aún eres pequeña para entender pero no me culpes, yo también las tengo, seguramente de mí pasaron a ti pero no es ningún castigo ni ninguna mala pasada y puedes hacer que sea lo más especial de tu vida y utilizarlo, para que seas capaz de relativizarlo todo y eso, intento transmitirte. Ya que ojalá, amor, el vitíligo sea lo peor que te encontrases en esta vida.

En mi caso, tras detectármelo, conocí a un niño diabético que tan sólo tenía seis años y que se giraba para inyectarse la insulina y fue al verlo así, cuando descubrí que no tenía motivo alguno para quejarme, amor y que toda la energía empleada en lamentarme era energía malgastada, ya que era afortunada y seguía siendo igual de afortunada.

Por ello te propongo un juego y debes ayudarme a completarlo: por cada nueva mancha, un nombre. Cada mancha te recordará una sonrisa, una mirada de alivio o un amor. Te sorprenderá saber cuánta gente necesita ayuda, tanta que te faltarán manchas para ayudar, empezando por ti misma y continuando por todo aquél que veas mal: un amigo, un familiar o alguien desconocido… aprenderás a ver las cosas con relativa importancia y a usar la vida para lo que realmente es, para encontrarle un hermoso significado a todo, que no verás si no dejas de lamentarte y empiezas a ayudar.

Y es que, amor, ¿no te das cuenta? la piel es sólo un envoltorio que puedes usar para sentir el mundo, para alargar sonrisas, acariciar corazones pero no para lamentarte por ella o por su aspecto y debes quererla y cuidarla como el resto de partes de ti, sin ningún temor porque, cielo mío, puedes transformarlo todo si ves, como intento hacerte ver, lo que de verdad importa.

Da igual que salgan a su antojo, que no encuentres explicación, que los tratamientos no funcionen si tú puedes transformarlo y convertirlo en algo que te impulse para que al mirar atrás o al mirarte a ti, sólo evoque la maravillosa idea de haber vivido y de haber ayudado a cambiarlo todo, a superarlo todo.

Puedes transformarlo con el simple hecho de contarlas sólo para ayudar en nuestro juego, de llevarlas por bandera sin más maquillaje que tu sonrisa, de ayudar a que se conozca, a que se respete como algo diferente pero igual de válido, igual de hermoso. Usa como espejo solamente lo que consigas reflejar bueno de ti en los demás, lo que consigas cambiar, y lleva cada mancha por bandera, sin temor.

Ayuda a que se conozca. Llevamos nuestra causa en la piel. Transmite que no se contagia y no permitas que nadie que lo tenga se sienta sólo jamás pues, en ocasiones, el desconocimiento puede ser más cruel que ninguno de sus efectos.

Te escribo esto por si cuando te sientas sola o perdida yo ya no me encuentro contigo. He usado el vitíligo para descubrir lo reconfortante que resulta intentar cambiar las cosas, aunque sólo sea un vano intento en este mundo enloquecido y apresurado. Así que si mañana intentas salir con la mejor de tus sonrisas, sin detenerte ni un segundo ante el espejo y siguiendo el juego que te propongo, mi vida ya habrá merecido la pena, mis manchas habrán dejado de preocuparme pues conseguí transformarme y conseguí, cielo mío, transformarte.

Hay una mancha que lleva tu nombre,

Te quiero, seas quien seas y seas como seas

Vivo en Sevilla. Estudié Derecho y ADE y actualmente estoy opositando. Me diagnosticaron vitíligo hace dos años y desde entonces pongo todo mi empeño es ayudar a las personas que sufren este tipo de patologías a aceptarlas.

Uso de cookies

Mujeres Valientes utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies