Nerea Sanchís, superviviendo al maltrato

Mi nombre es Nerea Sánchís, soy confundadora de la Asociación Mujeres Superivivientes de Violencias de Genero, psicóloga social, experta en atención a mujeres que vivi en la violencia machista. Me declaro defensora de los derechos de las mujeres y las niñas, feminista y superviviente de violencia de género en la pareja.

La categoría de superviviente la asumo día a día pues el machismo atroz permea nuestras vidas, la de todas las mujeres. Allá por donde nos movemos, en la familia, en el trabajo, en las calles: somos las que cobramos menos, las que soportamos la carga familiar y de los cuidados, las que no podemos ascender a puestos de poder, ni promocionar, las que nos explotan sexualmente en la casa y fuera de ella, traficadas y vendidas, asesinadas, intercambiadas, fragmentadas, nuestros cuerpos, MUTILADAS, violadas, excluidas. Las que trabajamos el doble o triple y cobramos una miseria, las que levantamos la economía sumergida y la no sumergida porque hay bocas que alimentar y esto no perdona, las que somos sometidas a tratamientos forzados de esterilización y un largo y doloroso etc. Esta es la realidad de las mujeres en el siglo XXI, en la modernidad y el avance, en la globalización…¡Como duele y hierve la sangre saberse así! pero es tan necesario reconocer estas atrocidades, como necesario es implicarse como mujer e intentar, cada una de nosotras y desde el lugar que pueda, hacer algo para transformar.

“Mi lugar desde el que puedo” es la entidad a la que pertenezco y todos aquellos espacios de lucha desde donde me muevo, soy, me recreo y hago. Tras 8 años de vivir la violencia extrema y brutal con un hombre misógino, no me queda mas que seguir transformando mi vida y apoyando, aportando un granito para otras. Mi historia empezó siendo una estudiante jovencita, sumida en todos los ritos y mitos del amor romántico: devastador invento patriarcal, en el que todas estamos socializadas (y todos) A partir de ahí transcurrió todo, un amor posesivo, violento, brutal, claro que esto, más que amor es terrorismo, así nos enseñan a someternos y ser absolutamente dependientes y a los hombres a ser delincuentes, privadores de libertad.

Eso es el machismo y el patriarcado: una fábrica de hombres terroristas y de mujeres desvalidas y explotadas. Ahora tengo claridad para verlo y nombrarlo así, tan crudo, tal cruel. Esta es la parte ardua del asunto.

Lo bueno es que como muchas mujeres, yo pude salir adelante y pude salir por el apoyo de otras mujeres feministas, supervivientes, porque estudié mucho sobre el asunto. Por tener una poderosa red familiar, que se volcó conmigo, sin juicios. Cada vez que alguien me pregunta sobre mi historia, siempre me viene a la cabeza que puede ser la historia de cualquiera de nosotras, porque la violencia machista es una epidemia, de la que sólo podemos salir con autocuidados, recursos económicos, un techo y mucho amor de otras mujeres. Y luego para mí hay un mandato: la lucha debe continuar, pues vivimos en una sociedad patriarcal.

Que las mujeres dejemos de ser violentadas, pasa por la consecución de un sistema igualitario, donde los principios de paz y libertad sean los que dirijan leyes, derechos etc…

Ahora soy una mujer más madura, menos romántica, mas luchadora y con las ideas más claras. Sé que tenemos mucho trabajo por delante, pero también sé que es posible. Conozco muchas, que como yo, estamos atajando las violencias de nuestras vidas y sirviendo de referentes para otras mujeres. Esto me llena de amor y gratitud pero también de rebeldía e independencia.

No quiero terminar este texto breve y emocional que regalo con tanto gusto, sin decir que desde la entidad a la que pertenezco, la Asociación de Mujeres Supervivientes de Violencia de Género, seguimos creando alternativas y respuestas a la estructura dominante, acabamos de impulsar un hermoso proyecto de libertad y empoderamiento, la Cooperativa de Mujeres Libres, donde a través de la venta de vinos ecológicos y transformadores, pretendemos generar el cambio en nuestras vidas y la de otras.

Le Vin Violette, y la cosecha de mujeres rebeldes y libres es mi ejemplo de superación, inteligencia y creatividad. No soy ninguna heroína por haber vivido la violencia de la pareja en mis pieles y carnes, no quiero serlo, soy una mujer inteligente, que como muchas pasé por ahí y tuve la suerte de salir viva. Otras mujeres no lo pueden contar.

Por ellas, por vosotras va este texto, en memoria de las asesinadas por el terrorismo machista.

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