El 1 de diciembre de 1988 fue la primera vez que se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra el Sida y aunque en el 2011 se decidió cambiar el nombre por el de Día Internacional de la Acción contra el el Sida, esta enfermedad sigue siendo considerada como una de las epidemias “más destructivas de la Historia”.

El año 2014 resultó ser un año nefasto, según la Organización Mundial de Salud, en los casos de contagio por VIH en Europa: 142.000 casos fueron los contabilizados en todo el continente Europeo. Una región habitada por casi 900 millones de personas y en el que muchos de ellos reciben un diagnostico tardío, lo que multiplica el riesgo de padecer una salud delicada, transmisión del virus por ese desconocimiento y muerte.

Pese a los programas de prevención, la realidad es que el VIH sigue manteniendo su expansión en España. Una realidad que queda demostrada con la cifra de personas (104.769) que reciben el tratamiento farmacológico, según han informado las comunidades autónomas al Ministerio de Sanidad y en el número de contagios que se dan cada día (10 personas son contagiadas diariamente en España)

A pesar de que las mujeres con VIH comparten muchos efectos de esta enfermedad con los hombres, también hay aspectos que solo afectan a éstas como, por ejemplo, en los trastornos ginecológicos.

Los primeros años en los que la enfermedad se comenzó a desarrollar y apenas se conocían datos sobre forma de transmisión, y personas que lo podían padecer, a las mujeres no se las consideraban en peligro de contraer VIH, por lo que no eran contempladas en los programas desarrollados para prevención y tratamiento. Este hecho dio como resultado un mayor indice de mortandad entre las mujeres y que se pensara que morían más rápido que los hombres; la realidad era otra: el diagnostico tardío y la no aplicación del tratamiento hicieron que esta creencia se convirtiera en una estadística real.

Otros de los motivos por el que se llegó a esta conclusión errada era el no acudir al médico hasta que los síntomas eran extremos, el acceso a jeringas contaminadas o la falta de información para utilizar condones durante las relaciones sexuales. También hay que tener en cuenta que muchas mujeres no tienen libertad a la hora de practicar el sexo con protección; ellas son las “dependientes emocionales” de sus parejas y temen el rechazo a la hora de plantear el uso de los preservativos para evitar esta enfermedad.

La religión, los modelos sociales impuestos, el ámbito cultural en que se desarrolla la vida de algunas, o la falta de decisión sobre su vida sexual, son algunos de los aspectos que tienen un fuerte impacto a la hora de utilizar protección.

Pero también hay aspectos positivos desarrollados por los avances en la investigación sobre esta enfermedad y se ha conseguido que la mujer pueda concebir sin el miedo a que sus hijos puedan ser infectados por el HIV. Muchas son las que deciden seguir con su embarazo ya que con una atención prenatal adecuada, tendrán el mismo riesgo de tener un embarazo difícil, como cualquier otra mujer. Algunas descubren que están infectadas después de dar a luz a un bebé VIH positivo, por lo que tendrán que enfrentarse al doble dolor con respecto a su hijo y a ella misma, y al sentimiento de culpa por haberle transmitido la enfermedad.

Otros de los grupos que se había considerado de “bajo riesgo” eran las lesbianas. Esto ha ha sido corregido y aunque los casos de transmisión de VIH no son muy comunes entre mujeres, sí es posible que ocurra.

También las prostitutas han sido consideradas, durante años, unas de las promotoras de la infección entre los heteroxuales, sin embargo el porcentaje de infección es el mismo que el de la población femenina en general. Ahora se tiene la percepción errada de que los medicamentos controlan el virus y por lo tanto la enfermedad es menos mortal; esta realidad está consiguiendo que se tenga menos precaución y que como resultado se multiplique el número de contagio.

Muchos son los que están infectados y no lo saben, por eso y para evitar que el número aumente es fundamental tener un diagnóstico temprano y recibir el tratamiento para evitar las posibles complicaciones a largo plazo de la enfermedad. Y aunque son significativos los avances en la investigación, en el tratamiento y en la prevención, su cura es, todavía, un reto a nivel mundial.

El Sida ha representado un cambio en el concepto de conciencia a la hora de prevenir y tratar la enfermedad. Una enfermedad donde el apoyo y la solidaridad son fundamentales para los que la padecen.

 

María José Andrade es periodista y fundadora de Mujeres Valientes

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