Los datos son tan contundentes que dejan poco margen a la especulación: la representación política ejercida por las mujeres sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes en todo el planeta. Las cifras muestran que la presencia femenina en los círculos de poder ha aumentado notablemente en las últimas décadas, pero lo hace tan lentamente que la diferencia con sus compañeros es aún grande, enorme, si se tiene en cuenta el grado de responsabilidad e influencia.

Mujer y política: cuota de desequilibroPor cada mujer que ejerce funciones de liderazgo y participación política hay tres varones en este año 2015. El cálculo lo hace anualmente el informe de ONU Mujeres, la más reciente entidad puesta en marcha por Naciones Unidas, que recoge la presencia femenina en la política de 189 estados. El documento revela que las mujeres tienen poca representación como cargos electos, pero también como votantes y ocupan muchos menos puestos directivos en la administración pública, el sector privado y en el mundo académico.

Si se miran algo más de cerca los números, éstos indican que a 1 de enero de este 2015, sólo un 22 por ciento de los escaños en los parlamentos nacionales están ocupados por mujeres. 20 años antes, en 1995 la tasa se colocaba en el 11,3 por ciento, lo que significa que se ha duplicado, que sí crece, pero muy poco. En todo el mundo hay 10 mujeres Jefas de Estados y 14 Jefas de Gobierno. Si se echan las cuentas el resultado revela que las más altas instancias del estado están copadas en un 88 por ciento por hombres. A escala mundial, a día de hoy existen 38 estados donde las mujeres representaban menos de 10 por ciento del arco parlamentario y aún quedan cinco cámaras de representantes sin ninguna mujer. La situación es muy distinta según las diferentes regiones del planeta.

A la cabeza de la representación política femenina están los países nórdicos con un 41,5 por ciento. Si a Europa se le restan los aportes de esta zona, el porcentaje se queda en el 23,8 por ciento. En enero de 2015 América alcanza el 26,3 por ciento, África subsahariana, 22,2 por ciento, Asia, 18,5 por ciento,

Oriente Medio y África del Norte, 16,1 por ciento; y la región del Pacífico, 15,7 por ciento.

La Unión Interparlamentaria (IUP), la encargada de hacer oír la voz de los parlamentos ante Naciones Unidas y observador permanente de la ONU, compila a escala mundial los datos que ofrecen los distintos parlamentos estatales sobre el porcentaje de mujeres en las cámaras de representantes.

CLASIFICACIÓN MUNDIAL

Rango

País

Baja o única Casa

Cámara Alta o Senado

Elecciones

Escaños

Mujer

% M

Elecciones

Escaños

Mujer

% M

1

Ruanda

9 2013

80

51

63,8%

9 2011

26

10

38,5%

2

Bolivia

10 2014

130

69

53,1%

10 2014

36

17

47,2%

3

Cuba

2 2013

612

299

48,9%

4

Seychelles

9 2011

32

14

43,8%

5

Suecia

9 2014

349

152

43,6%

11

España

11 2011

350

144

41,1%

11 2011

266

90

33,8%

12

Mozambique

10 2014

250

99

39,6%

15

Dinamarca

9 2011

179

68

38,0%

México

7 2012

500

190

38,0%

7 2012

128

43

33,6%

19

Alemania

9 2013

631

230

36,5%

N / A

69

28

40,6%

20

Argentina

10 2013

257

93

36,2%

10 2013

72

28

38,9%

35

Nepal

11 2013

599

177

29,5%

54

China

3 2013

2959

699

23,6%

San Marino

11 2012

60

10

16,7%

83

Corea del Norte

3 2014

687

112

16,3%

113

Brasil

10 2014

513

51

9,9%

10 2014

81

13

16,0%

126

Samoa

3 2011

49

3

6,1%

Islas Marshall

11 2011

33

1

3,0%

134

Papúa N.Guinea

6 2012

111

3

2,7%

137

Omán

10 2011

84

1

1,2%

10 2011

83

15

18,1%

Qatar

7 2013

35

0

0,0%

 

Esta compilación deja un dato llamativo. Rwanda es el primer país con mayor número de diputadas. Las mujeres ocupan un 63,8 por ciento de la cámara pero es un guarismo envenenado. La cifra llega acompañada de otras dos: las del genocidio de los 90 que dejó a la población con solo un 30 por ciento de hombres y la de las mujeres que sufren violencia machista. Dos de cada cinco ha sufrido daño físico por parte de un hombre, según los datos de la Encuesta Demográfica y de Salud de Rwanda de 2010, siendo una de las tasas más altas de toda África.

La Unión Interparlamentaria, junto a ONU Mujeres, construye el mapa de las mujeres en política. En un solo golpe de vista podemos hacernos una idea del reparto de género del poder político en el mundo.

La resolución sobre la participación de la mujer en la polític aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2011 señala que “las mujeres siguen estando marginadas en gran medida de la esfera política en todo el mundo, a menudo como resultado de leyes, prácticas, actitudes y estereotipos de género discriminatorios, bajos niveles de educación, falta de acceso a servicios de atención sanitaria, y debido a que la pobreza las afecta de manera desproporcionada”.

Hasta aquí un vistazo rápido al problema. Las soluciones, de momento, se siguen buscando. Ya en la década de los 50 se empezó a tomar en consideración la desigualdad política pero se confió la tarea correctora al tiempo. Un cuarto de siglo después la realidad puso blanco sobre negro su falta de efectividad. A mediados de los 70 la media de mujeres que ocupan escaños en la Unión Europea no superaba el 9 por ciento y en los 80 apenas rozaba el 12.

Cartel por el sufragio femenino en Reino Unido, 1906

La evidencia llevó a plantear mecanismos de compensación, aunque hubo que esperar otra década. El 3 de noviembre de 1992 se adoptó en la primera Cumbre Europea “Mujeres en el Poder” la Declaración de Atenas con la que se denunciaba el déficit democrático y se proclamaba la necesidad de conseguir un reparto equilibrado de los poderes públicos y políticos entre hombres y mujeres. Este documento marca el punto de partida de la lucha por la paridad en la representación política dentro de la Unión Europea y de sus países miembros. La introducción del sistema de cuotas ha sido uno de los principales métodos para conseguirla, aunque plantea fuertes interrogantes e incluso oposiciones. Existen mecanismos neutrales, desde el punto de vista del género, para corregir la infrarrepresentación tanto de hombres como de mujeres. Generalmente el requisito exigido es que cada género ocupe al menos el 40 por ciento y no más del 60 de la representación.

Tratar de manera desigual lo que es distinto, es la base de la Discriminación positiva que nace en Estados Unidos en la década de los 60, como solución al menosprecio de la población afroamericana. El Informe sobre Desarrollo Humano 2004 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sostiene que “las políticas de discriminación positiva son necesarias cuando se trata de desventajas colectivas”, pero las cifras de representación política de las mujeres no se han resuelto con estos mecanismos porque se pueden hacer trampas. Según aumenta la cuota de representación femenina, disminuye el tiempo que las mujeres permanecen en sus cargos. En España, por ejemplo, el 60 % de las diputadas sólo están una legislatura y esta rotación hace que a las mujeres se les escape poder real. Otro ejemplo; el presidente José Luís Rodríguez Zapatero implantó desde su llegada al poder en España, en 2004, los Gobiernos paritarios pero esta igualdad en el Consejo de Ministros, tampoco vino acompañada de una igualdad efectiva. De un total de 217 cargos que configuraban la estructura del ejecutivo entre secretarios de Estado, subsecretarios y directores generales el 75,6%, eran hombres.

Otra de las fórmulas en la búsqueda de la paridad es el de la democracia directa, aunque la equiparación de mujeres y hombres en la política no fuera su objetivo inicial, tal y cómo viene reflejado en el estudio Democracia Participativa y Modernización de los servicios públicos: investigación sobre las experiencias de presupuestos participativo en Europa, publicado en 2011.

Tras estudiar los casos de 17 ciudades europeas, encontramos que hay más porcentaje de mujeres en las asambleas populares que gestionan los presupuestos participativos, que en los parlamentos. Aunque también aquí los hombres copan la gran mayoría de los puestos de responsabilidad, la brecha de género se reduce según se consolida el mecanismo.

 

Cartel propagandístico contra el sufragio femenino en los EEUU de 1920

 

A la baja representación política de las mujeres contribuye también un elemento externo: los medios de comunicación. Hay menos mujeres en los parlamentos y por eso tienen menor visibilidad mediática pero aquí se cuela también otra variable. Pocas veces aparece en los medios un político varón por su indumentaria, su condición de padre o cualquier otro componente personal. En el caso de las mujeres ocurre lo contrario. Esta es además la imagen que llega a los lectores y a la audiencia y puede contribuir a la generación de una segunda realidad, que presta más atención a la forma que al fondo. Esta segunda realidad es lo que que ya en 1922 el dos veces premio Pulitzer, Walter Lippmann llamó pseudoentorno y el también periodista y profesor universitario Maxwell McComb realidad de segunda mano.

El camino que iniciaron las sufragistas a principios del siglo pasado ha avanzado mucho desde entonces pero no se puede dar por concluido. El binomio mujer y política muestra todavía altas cuotas de desigualdad y desequilibrio.

Crees que hay una suficiente representación de mujeres en el Parlamento? Éstas de acuerdo con la paridad o piensas que deben representarnos quién tenga formación, independientemente del género? Danos tu opinión!

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