La muerte cuando estás lejos te hace sentir impotente

 

Lo que de verdad duele... Mujeres Valientes

 

A menudo hablo y escribo sobre las ventajas de mi vida como expatriada, trato de ver siempre la parte positiva e intento ser optimista siempre que puedo pero, ¿a quién voy a engañar? También tengo bajones. A veces me canso de luchar; es agotador esforzarse tanto en la adaptación a otro país, en integrarse a una nueva cultura, en hablar otro idioma…

La mayoría de las veces, cuando echo la mirada atrás, pienso en estos cinco años que llevo fuera y creo que esta es una experiencia fantástica para mi familia y para mi. Estoy convencida de ello. Sin embargo, la expatriación también tiene su parte negativa…

Siempre he creído que lo más triste era tener lejos a familiares y amigos, ¡los echo tanto de menos! Suelo pasarlo mal cuando no puedo asistir a un cumpleaños, a una boda, a un bautizo, a un fin de semana en la sierra, ¡o cualquier tipo de evento social! A menudo se me escapa una “lagrimilla” cuando recibo las fotos y los vídeos que nos mandan los que se acuerdan de nosotros y, al mismo tiempo, soy feliz viéndolos disfrutar, aunque sea a través del móvil.

Pero, sin duda, el dolor más grande que he sentido durante estos años ha sido el no poder despedirme de algunos seres queridos. Por desgracia, desde que vivo fuera he perdido a tres personas importantes en mi vida, y tan sólo he podido decirle adiós a una de ellas. Llorar sola, en la distancia es una sensación tan, tan triste, que no se la recomiendo a nadie.

A esa pena tan grande hay que unirle la terrible impotencia que se sufre al estar lejos, y no poder acompañar a los que quieres, en ese momento. Todo se vuelve negro y te sientes tan distante y tan sola, que es difícil explicarlo.

Llorar por teléfono es muy frío. Necesitas un abrazo, una caricia, unas palabras de ánimo… Cuando he vuelto a mi país, por motivos tan penosos, me ha reconfortado saber que los demás sienten el mismo dolor que yo, que echarán a esa persona tanto de menos como yo, y me ha aliviado comprobar que las penas compartidas pesan un poco menos.

Como dice una amiga mía: “hay abrazos que erizan la piel y encogen el alma”, y yo he podido sentirlos hace poco en España. He tenido la suerte de tener muchos hombros en los que llorar, y he podido compartir recuerdos y anécdotas con muchas personas a las que quiero.

Lo que de verdad duele... Mujeres Valientes

Sin embargo, hoy vuelve a ser un día triste. Hoy debería estar en España, en una misa, y dando el último adiós. Pero… no puede ser. Aún así, intentaré poner al mal tiempo, buena cara. Seguiré pensando en todos los buenos recuerdos que tengo y, aunque se escape alguna lágrima, serán muchas más las sonrisas, por todos los buenos momentos que vivimos juntos.

Lo que de verdad duele... Mujeres Valientes

Mª Ángeles, César y Chechu siempre, siempre estarán en mi memoria

Una persona no muere cuando deja de respirar, muere cuando deja de ser recordada

 

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