Sentirse escuchada es fundamental para sentirse bien

 

Gracias por escucharme

 

Da igual dónde, da igual quién y durante cuánto tiempo, pero si has podido “descargar” es de agradecer. Y así lo hacemos. Hemos descargado y, sobre todo, nos hemos sentido escuchadas, que es lo principal.

Es evidente que a todas nos sienta bien tener a alguien pendiente de lo que decimos, de nosotras y nuestras necesidades o sentimientos, escuchando lo que opinamos sobre un tema, recogiendo el chaparrón de desamparo, tristeza, rabia o euforia que cargábamos solas hasta entonces… Porque ¿a quién no le gusta sentirse significante para alguien? ¿Quién no busca sentir pertenencia?

Yo soy Aries”, “Soy del Betis”, ”Soy P.A.S”, “Este año soy de la comisión de fiestas”, “Este curso soy del AMPA”, “Yo no me complico, soy de marcas blancas”, “Yo soy funcionario”, “Soy maestra”, “Soy muy friki”…

 “Yo soy” significa entonces “Yo pertenezco”

 

Soy lo que sea y lo cuento orgulloso y satisfecho de “pertenecer” a ese colectivo con rasgos o preferencias comunes. “Yo soy” significa entonces “Yo pertenezco”.

 

Nos cuesta encontrar con quién empatizar y, más aún, a alguien que empatice con nosotras

 

Entonces ocurre que, cuando no nos sentimos pertenecientes en un grupo social y momento concreto, nos cuesta encontrar con quién empatizar y, más aún, a alguien que empatice con nosotras. Así que en cuanto cae la posibilidad nos sentimos agradecidas. Porque ese rato, esos diez minutos, esa tarde entera… alguien está presente y disponible. Y eso es una maravilla, emocionalmente hablando.

Nosotras que tenemos tanto que decir, tanto que contar, tanto que sentir y compartir, tanto que arreglar y componer, tanto que juzgar, y que callar… Damos las gracias a quien se muestra disponible para recibirlo en esencia.

 

Cuando surge un alma “oidora/escuchante” el cielo clarea y, de pronto, pesas menos

 

Ese día horrible en que todo se tuerce y crees no poder más, cuando el universo va en tu contra (o al menos tú lo estás recibiendo así), si no aparece alguien dispuesto a escuchar es el fin. La garganta empieza a tensarse y doler, el estómago se revuelve, la cabeza amenaza con explotar y necesitas aliviar negruras. Sin embargo cuando surge un alma “oidora/escuchante” el cielo clarea y, de pronto, pesas menos.

 

“Tengo algo poderoso dentro y puedo compartirlo” ¡Aleluya!

 

Puede ser tu hermano, tu amiga, tu madre, la peluquera, su vecina, una entrenadora o el carnicero, da igual. Puede ser el camarero que te da café sin espuma cada mañana. Quien sea. Donde sea. Cuando sea que surja. Te da la vida que se te iba desvaneciendo sólo con escucharte y permitirte sentir significante para él/ella en ese rato. “Tengo algo poderoso dentro y puedo compartirlo” ¡Aleluya!

 

Supongo que sabes de lo que escribo. Cuenta conmigo para escucharte

 

¡Ah!… Y gracias por leerme

 

Virginia García es una madre asturiana diplomada como “Maestra en Educación Infantil” por la Universidad de Oviedo y “Certificada como Educadora de Padres en Disciplina Positiva” por la Positive Discipline Association, además de estar certificada en la “Escuela de Padres” y como “Gerente de Centros Educativos”.

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