Esta vez enfocamos París con un motivo más feliz: la exposición, cuyo título se inspira en la novela  de Honoré de Balzac ‘Esplendores y miserias de las cortesanas’ (publicada en cuatro partes en 1837-47), que constituye la primera manifestación artística centrada en el tema del “oficio más antiguo del mundo” -por entonces sólo femenino- y documenta al tiempo los cambios políticos y sociales entre los siglos XIX y XX, cuando la población de la capital francesa se duplicaba y aumentaba el número de mujeres que vendían su cuerpo para sobrevivir.

La sede elegida no podía que haber caído en la ciudad que fue meta del placer y de la diversión para contener un núcleo expositivo que intenta reconstruir la forma en la que los artistas, no sólo franceses, fascinados por los actores y los lugares de este fenómeno social, fueron experimentando sin darse tregua nuevos lenguajes pictóricos para la figuración de sus realidades y fantasías.

Se da un repaso al imaginario masculino en tema de mujeres y de sexo, valiéndose de cuadros, fotografías, tarjetas postales, objetos decorativos de los burdeles más famosos de la época, que recuerdan el entrelazamiento entre el placer, los cambios políticos y sociales, el desarrollo urbanístico de la ‘ville lumière’ y la evolución de una profesión y de una condición femenina en contextos públicos o privados.

Se descubre sobre todo la intensa atención de los artistas hacia la prostitución, fascinados, ante ese universo enigmático, aportando un privilegiado punto de vista en la relación entre ambos sexos que enriquece el aspecto socio-cultural.

El recorrido incluye una sala obscura, para mayores claro, que expone fotografías eróticas, quizás para la época, ya que hoy resultan más bien tristes y nostálgicas, y otra donde tronea  un curioso sillón diseñado para facilitar las prácticas sexuales del príncipe de Gales, el futuro Eduardo VII.

A inicios del siglo XIX la prostitución estaba ya muy difundida hasta la llegada del segundo imperio cuando se imponía la diversión masculina: especialmente la callejera se trasladaba a la periferia y a los lugares de diversión que brindaban la ocasión para íntimos encuentros. Bailarinas de coro, cantantes y actrices se convertían en la atracción preferida de los hombres pudientes, que evadían de su vida conyugal y valoraban su ‘status symbol’. En la ópera por ejemplo, los abonados tenían acceso a los camerinos de las bailarinas e incluso recibían a las prostitutas en sus palcos y más … pero en realidad son los burdeles -meta del deseo de los hombres- los ambientes mejor observados y recordados en esta cita parisina. De hecho, la exposición enfoca el protagonismo central que desempeñaba este universo en la evolución de la pintura moderna. Si bien la actividad también se contempla en sus dimensiones sociales y culturales, a través de la pintura de Salón, la escultura, las artes decorativas y la fotografía. Un amplio material documental evoca los dos niveles extremos de las prostitutas: el lujo de las cortesanas y la miseria de las prostitutas callejeras.

Al repertorio de artistas del nivel de Picasso, Munch, van Gogh, Toulouse Lautrec, Cézanne, se destacan los cincuenta folios realizados por Degas en el interior de los prostíbulos, que no llegaron a conocerse hasta después de su muerte, o la celebérrima ‘Olympia’ de Manet, que causó escándalo cuando fue expuesta en 1865  y no debido a su desnudez sino por ostentar una mirada indiferente, sin ningún falso pudor. Lo cierto es que a partir de entonces los artistas no tuvieron que parapetarse en referencias mitológicas para representar el cuerpo femenino inspirado en las modelos de las academias.

Se trata de una manifestación que no deja (no puede dejar) indiferente al visitante y no precisamente por las escenas atrevidas -en este sentido de los lupanares de Pompeya, mucho más atrás en la historia, nos llega un detallado legado pictórico- a las que ya está más que familiarizado sino por el aspecto personal de las prostitutas en los burdeles -al margen de las más estupendas que imponían su belleza en los salones a la conquista de los adinerados- y no porque se presenten despojadas de ropa sino porque se las ha inmortalizado con precaria salud (consumidas por el trabajo y por el ajenjo) y, peor aún, desprovistas de toda humana dignidad.

ESPLENDORES Y MISERIAS. IMÁGENES DE LA PROSTITUCIÓN 1850-1910, Museo de Orsay – PARÍS. Hasta el 17 de enero de 2016

La periodista sevillana afincada en Italia, Carmen del Vando, está especializada en arte y ha ejercido como corresponsal de Canal Sur Radio en Roma. Premio «Villa Véneta» convierte sus crónicas en una verdadera obra de arte.

 

 

 

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