Representación de la obra Sala de espera

Esperar es un asunto peliagudo, un tema delicado, un reto para muchos y una costumbre para otros.

El más claro ejemplo, ¿quién no ha estado en una sala de espera? Ya sea por el resultado de una analítica de sangre, saber si es chico o chica, la nota de un examen, el próximo barco (autobús, tren o avión) o que toque tu turno en la administración pública; todos hemos pasado tiempo en este intermedio espacio. De aquí parte la obra ‘Sala de espera’: cuatro mujeres, cuatro salas de espera, cuatro historias, cuatro estereotipos, cuatro vidas que esperan un cambio; simplemente eso, que esperan

Y saltándome el orden cronológico o noticiable de los artículos, comenzaré por la moraleja final: sí, así es, esperar a que la vida cambie de por sí no nos lleva a ninguna parte. Y si esperas que esa persona cambie y te deje de perseguir, acosar, gritar, insultar o maltratar en cualquiera de sus formas, puede que estés muy equivocada. Porque esperar no es una solución; solo hace más largo y tedioso el proceso de liberación, solo conseguirás llegar más tarde a tu libertad, a tu vida, a ti misma. 

En parte, eso es algo que vi representado sobre el escenario del Palacio de Exposiciones y Congresos de Melilla el día 20 de noviembre, esa es la sensación final que deja ‘Sala de espera’, junto con un agridulce sabor de conciencia. Que se haya representado en esta fecha no es casualidad, entraba dentro del programa de actividades del  ‘Día Internacional para Eliminar la Violencia Contra la Mujer’ que se organiza en esta España africana que es Melilla, al igual que en el resto del mundo. 

La espera 

Telón abierto o subido, como prefieran denominarlo, el auditorio con las luces encendidas, los espectadores charlando, entrando y buscando asiento; y las cuatro actrices allí, sentadas frente al público, esperando. Cuatro personajes absortos en sus vidas, en sus pensamientos, que quizás increpan a los asistentes, pero que ya están esperando algo ¿Quiénes son? ¿Están esperando que les cierren el telón? ¿O solo es una parte más del juego del teatro? No lo sabemos, sentémonos y esperemos nosotros también.

Un momento de la representación de la obra Sala de espera

Amparo, Lana socorro y clara. Personalidades estereotipadas, no sólo a nivel estético, también en un rago más profundo, allí dónde se toca la fibra sensible de las personas; y así despiertan la empatía al otro lado de las luces, apelando aquello que en algún momento de tu vida has visto, oído o callado.

“Para morir solo tiene que tocarte, para vivir hay que tener ganas” 

Con esta sentencia comienza Socorro, una actriz al más puro estilo Sunset Bulevar, de las que gesticulaba y se endiosaba a sí misma, un Napoleón Bonaparte pequeñito, que miró muy alto, pero nunca se puso camino de alcanzar la cima, esperaba que la vieran, que el productor la escogiese, que le diesen ese pequeño papel que la lanzase al estrellato; pero nunca llegó, y perdió su vida entre bastidores, botellas viejas de champán y cigarrillos largos, esperó frente al espejo – ensayando su gesticulación- que la llamasen. Y ahí quedó, la mujer que mira hacia los lados, que se rindió y tomo un trabajo supuestamente temporal y la marchitó poco a poco, porque ella necesitaba ser admirada y no lo conseguía, porque no supo hacerse ver, porque no avanzó hacia delante.

Lana es sinónimo de contracorriente, si todos decidían ir de ‘novia pigmea’, ella quiso ir de almirante en la comunión; vivió su vida como quería, aunque no fuese la opción correcta, pero ¿quién marca qué es lo correcto? Y siguió su andadura, de tal forma que acabó en la Casa de Campo. Otra actriz venida a menos, pero con peor fortuna, ya que terminó con otro tipo de micrófonos entre manos. Ella aporta la chispa, la alegría, los chascarrillos fáciles, aquellos que te hacen soltar una carcajada en el momento clave, en la tensión máxima del drama, porque en eso se basa la tragicomedia.

Reminiscencias de ‘Cinco horas con Mario’ es el siguiente personaje, Clara; una mujer con mucho carácter, que se enamoró perdidamente y que ello le llevó a no ser nada ni nadie, a vivir en un presente que no era suyo, sino de su marido. La más cruel realidad llevada a la ficción, una mujer que había sido maltratada por su marido, alcohólico, gañán y sin escrúpulo alguno por la vida… Y Clara, llegando al límite, decidió arrebatársela, aunque ahora tuviera que hablarle a un muerto.

Y Amparo, la típica chica de pueblo, un personaje digno de ‘La Casa de Bernarda Alba’, una muchacha qué es poquita cosa y que se casa con el primer novio que parecía un buen partido (peluquero en el ejército); un hombre que la dejó estancada en el pueblo, que la desquició hasta la alopecia nerviosa y que la despreciaba profundamente, al igual que ella a él. Una mujer reflejo del estrés de verse sola tirando del hogar, que quiere sentirse bella, pero que no puede por su falta de pelo y su peluca, artificial a kilómetros. Amparo tira del insulto fácil, del lenguaje vulgar, de las coletillas malsonantes para cubrir su odio y hacerlo más tangente, palpable, casi material.

Y ahí están, esas cuatro mujeres; la que vive mirando al pasado, a lo que fue, al recuerdo; la que solo miraba hacia el futuro, y no pensó en que si no hace ahora no tendrá porvenir; la que busca la mirada de la gente, que vive esperando que los demás se fijen en ella, mira a los lados; y la que no mira, y se va dando golpes por la vida.

Las protagonistas de la obra Sala de espera

Una sala de espera eterna para ellas en la que hace examen de conciencia y acaban reconociendo que entregaron su vida a otros, que prefirieron cierta comodidad a la lucha por los sueños. Valores, miedos, empatías, anhelos, sentimientos contradictorios, ideas frustradas, proyectos a medias… Todo lo que cualquier persona lleva dentro, pero particularmente lo que tiene una mujer que es maltratada.

Y si seguir callada esperando que cambie tu situación, no te lleva a ninguna parte, lo mejor es tomar las riendas de tu vida y asistir a la sala de espera sólo cuando sea estrictamente necesario.

Periodista en vías de expansión. Actualmente, en COMEL aprendiendo a ser polifacética – televisión, radio y prensa. Crecida en el ‘social media’, sin olvidar el verdadero medio social: la vida. Escritora automática en carmenscantosm.tumblr.com gracias a experiencias culturales y vitales. Gestora de contenidos y redactora en elretohistórico.com. No puedo estar dos segundos sin preguntar o hablar. Ansiosa de información y de contrastar hasta encontrar mi verdad.

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