Conciliar no es fácil ni en Londres ni en España

 

Conciliar en el extranjero es difícil ¡pero no imposible!. Expatriada.

Vivir fuera de España es un reto, a menudo me he visto obligada a salir de mi zona de confort y probarme a mi misma que realmente soy fuerte. Es cierto que a veces tengo bajones y no se de dónde sacar la energía para seguir adelante, pero tengo claro que he venido buscando una vida mejor, y no pienso rendirme a la primera (ni a la segunda, ni a la tercera…)

Conciliar no es fácil ni aquí ni en España, lo sé. Pero en mi país tengo la ventaja de tener a mi familia y a mis amigos de toda la vida, que me ayudan cada vez que lo necesito, y con los que puedo contar de forma incondicional siempre. En Londres, sin embargo, he tenido que comenzar desde cero: apuntar a mis hijas a los “Breakfast Club” y “After School Club”, buscar diferentes actividades compatibles con mi trabajo, contratar “nannies”, pedir favores…

Conciliar en el extranjero es difícil ¡pero no imposible!. Expatriada.

La mayoría de los colegios tienen “Breakfast Club” y “After School Club”. En el primero los niños desayunan y juegan hasta que comienzan las clases, suele funcionar desde las 8’00 y cuesta unas 3 libras al día. En el segundo los niños juegan (a veces organizan actividades especiales) y cenan, comienza al finalizar las clases (entre 15’00 y 15’30), suele cerrar a las 18’00 y cuesta unas 11 libras al día (cena incluida). El precio y el horario siempre puede variar según la escuela.

Muchos de los centros ofrecen también diferentes clubs a los que se pueden apuntar los niños (francés, español, ballet, netball, futbol, rugby, ciencias, informática, etc). Aparte, en Londres puedes buscar todo tipo de actividades infantiles que van desde clases de chino mandarín, hasta hípica, flamenco, esgrima, o teatro.

Conciliar en el extranjero es difícil ¡pero no imposible!. Expatriada.

Actualmente mis hijas asisten a clubs dentro y fuera de la escuela, por lo que la conciliación se convierte en una auténtica carrera de obstáculos: una va a catequesis, clases de español y ajedrez, y la otra a un tipo de scouts, ciencias y tenis. Además, a veces acudimos las tres a clases de arte. Todo esto parece muy complicado en principio pero, una vez que consigo hacer el cuadrante, tampoco es para tanto. Las niñas tienen bastante tiempo para hacer deberes y jugar, y yo puedo “relajarme” un poco con ellas.

Por otro lado, como el invierno en Londres es bastante largo, a menudo se organizanplaydates en casa de amigos para jugar, ya que anochece pronto y en los parques hace frío. Estas citas me resultan de gran ayuda, ya que es otra mamá o nanny la que recoge a mi hija y yo tengo tiempo de pasar a buscarla más tarde. El contratiempo surge cuando mi hija quiere invitar a sus amigas, y yo no puedo salir antes del trabajo para recogerlas y traerlas a casa… Pero a grandes problemas, grandes soluciones: ¡nuestros playdates se hacen los fines de semana o en vacaciones!

Conciliar en el extranjero es difícil ¡pero no imposible!. Expatriada

Además, también es habitual que los niños acudan a “sleepover” (fiestas de pijamas) algunos fines de semana en casa de los amigos. Hasta ahora nunca hemos conseguido que mis dos hijas coincidan con un “sleepover” el mismo día pero, al menos, yo también puedo pegarme una escapadita de vez en cuando con mis amigas, y salir alguna noche a tomar algo, ¡que mis hijas tienen más vida social que yo!

Tengo que admitir que todas las semanas necesito la ayuda de una “nanny”, que facilita que una de mis hijas pueda acudir a un par de actividades programadas. Aquí hay muchísimas chicas españolas (y de diferentes países) que vienen a aprender/perfeccionar el inglés y, mientras tanto, trabajan como “nanny” por 10 libras la hora.

A todo esto hay que sumarle los cumpleaños que van surgiendo, algunas manualidades del colegio (que necesitan que compre material y que les ayude a organizarse un poco), la compra, las comidas, los quehaceres diarios de la casa… ¡Un no parar!

Conciliar en el extranjero es difícil ¡pero no imposible!. Expatriada

Por último y no menos importante, tengo que confesar que, aunque no tengo aquí a mi familia, estoy rodeada de un grupo de amigas que me ayudan muchísimo con mis hijas, ¡no sé qué haría sin ellas! Me he visto en tantas situaciones en las que ellas me han salvado, que nunca podré agradecérselo lo suficiente. Han cuidado de mis hijas cuando han estado enfermas, se han hecho cargo de ellas cuando no tenían clase y yo trabajaba, las han llevado a actividades, las han recogido del colegio… Más que amigas, ¡son mis ángeles de la guarda!

Gracias, gracias, y mil millones de gracias a esas personas maravillosas con las que me voy cruzando en mi camino y hacen que mi vida sea más fácil. No voy a decir vuestros nombres, no es necesario (vosotras sabéis quiénes sois), pero quiero que seáis conscientes de que sin vuestra ayuda para mi sería imposible “conciliar” en muchos momentos complicados. Gracias por estar aquí conmigo, gracias por ser mis amigas, ¡gracias por ser como sois!

Diana Granada es periodista y ha sido profesora de español en Durban (Sudáfrica) lugar donde vivió hasta que otra carambola de la vida la ha llevado hasta Londres. Es colaboradora de Mujeres Valientes y ya publica en su propia web, Cuatro Maletas en Londres

 

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