Muchas personas se sorprenden de la gran cantidad de niñas y adolescentes que sufren violencia de género “con todo lo que hemos hecho para liberarlas”

Si se mira desde cerca qué es lo que hemos hecho para eliminar la violencia de género y qué es lo que ha hecho el machismo para mantenerse vivo, la sorpresa desaparece.

Son muchas las circunstancias que explican por qué las menores a día de hoy son población de riesgo en la violencia de género incluso en mayor medida que lo eran en la generación anterior. Como es imposible destacarlas todas en unas pocas líneas voy a referirme a las que creo que tienen un mayor impacto y que sirven, por sí mismas, para reflejar el “estado” de la situación.

En primer lugar, hemos trabajado de manera casi exclusiva para erradicar solamente una parte de la violencia de género, la que se da en la pareja. Al dejar de lado la violencia de género en otros ámbitos, como el familiar -ajeno a la pareja- el laboral, el escolar y educativo, el institucional, el social y, dentro de este, la explotación sexual, ha sido más difícil para las niñas entender que es un fenómeno complejo y muy dañino que está extendido por nuestra sociedad y del que deben protegerse en cada ámbito de sus vidas. Han creído que la violencia de género era algo de las mujeres mayores, sus madres y abuelas, que sufrían con hombres mayores. Han creído que ellas, si acaso, tenían peleas con sus novios – niños, adolescentes, jóvenes- en las que actuaban con igualdad de armas, porque no les ha llegado toda la explicación del sistema de control que conlleva el patriarcado. La mayoría de ellas no ha llegado a entender que la igualdad de armas no existe en una sociedad machista. No se lo hemos sabido explicar. Hemos dejado que creyeran que se trataba de algo que, en el peor de los casos, podría surgir “simplemente” al relacionarse con los chicos en la fase de “tonteo”, o en sus noviazgos, pero que sería algo que distinguirían claramente, podrían controlar, o marcharse antes de convertirse en algo grave. Han creído que era algo menos dañino y poderoso de lo que en realidad es.

En segundo lugar, hemos trabajado de manera insuficiente con los niños, y chicos adolescentes, no hemos llegado a hacerles comprender que el problema en la violencia de género es mayoritariamente sus conductas y forma de pensar, y que además, el machismo termina siendo también un problema para ellos. Los niños, los varones adolescentes y jóvenes, no han llegado a implicarse tanto como habría sido necesario en la revolución pacífica -no es otra cosa- por la igualdad. Muchos de ellos actúan como los machistas que son mientras sostienen que no son machistas, que apenas existe violencia de género, que las víctimas son ellos.

Ni a los niños ni a las niñas les hemos ofrecido un modelo alternativo de convivencia. El modelo imperante, el que se sigue trasmitiendo todavía, por muchos padres y madres y por muchísimos programas de televisión, además de por internet, es el modelo de jerarquía social en el que la sumisión de la mujer al hombre, es el eje central. Nuestras niñas y niños no perciben formas de ser mujeres y hombres en las que el desarrollo personal, y por tanto la libertad personal con el límite que pone el respeto a los derechos de la otra persona, sea la estructura a partir de la cual se organiza la pareja, la familia, la escuela, las facultades, las empresas, los gobiernos, la sociedad….

Estas deficiencias se deben, en mi opinión, por un lado a falta de presupuesto y por tanto a la insuficiente voluntad política, y, por otro lado, a falta de claridad y de visión global en los programas que se han implementados y en los servicios que se han creado. Entre lo que nos dice la normativa autonómica, nacional e internacional y lo que hemos hecho hay un abismo, y algunos servicios especializados solamente tienen de especializado el nombre. Muchas mujeres han pasado por esos servicios y han sido eficientemente atendidas , pero otras muchas han recibido buenas intenciones pero no eficacia (por ejemplo, cuando su experiencia traumática se minimiza en el texto de la denuncia porque quién atiende a la mujer no sabe recoger en palabras la intensidad del acoso a través de las redes sociales) , o algunas, incluso, han sido atendidas erróneamente y con contradicciones (por ejemplo, cuando se las anima a denunciar y a pedir protección ante la violencia psicológica desde unos servicios, y en otros se les mira mal por haber denunciado sin que exista violencia física) Todas esas mujeres trasmiten su experiencia, y con frecuencia trasmiten decepción ante la insuficiente respuesta de la administración sumergida en una inercia machista. Necesitamos una administración nueva, regida por la igualdad, porque solamente una administración así podrá implementar una normativa igualitaria.

No es raro que la que hay actualmente no sea un referente positivo para las niñas, las adolescentes, y las mujeres en general.

Me parece importante destacar el papel aleatorio de la administración de justicia, pues depende del Juzgado y de los operadores del derecho y peritos que intervengan, se llegará al fondo del asunto y se darán respuestas acordes con cada caso, o se quedará en la superficie sin resolverse nada. Esto es especialmente grave cuando hay menores afectados por la violencia de género en la pareja, pues no pocas veces se obvia o minimiza su estado, se otorgan regímenes de visitas normalizados e incluso guardas y custodias compartidas encubiertas, causando la transmisión intergeneracional de la violencia. Si no apartamos a los y las menores de la violencia de género es probable que vuelvan a verse involucrados como actores o víctimas de la misma.

Por si lo anterior fuera poco, el machismo no deja nunca de responder atacando al movimiento por la igualdad, y no deja nunca de evolucionar para controlar a las mujeres, de todas las edades, y también para captar seguidores. Los niños y niñas de hoy han crecido escuchando mentiras y burlas feroces contra el feminismo, que es la ideología que defiende el derecho de cada persona a ser diferente pero teniendo los mismos derechos que los demás para desarrollarte plenamente. También han escuchado hasta la saciedad que las mujeres que denuncian públicamente o en privado, son unas mentirosas, locas, inútiles, culpables, manipuladoras.

¿Qué tiene de raro que las adolescentes se adapten a su entorno machista en vez de denunciarlo? Es lo que todas las mujeres hemos hecho siempre en mayor o menor medida durante buena parte de nuestra vida, o quizás durante toda nuestra vida. ¿Acaso tienen las niñas y adolescentes un camino marcado claramente para alejarse del machismo? No lo tienen.

Ellas se encuentran con una presión añadida: en la actualidad la mujer es como nunca antes objeto de consumo masculino. Basta dar un paseo por los polígonos, por las carreteras, acercarnos a algunas de las discotecas de las ciudades, o simplemente mirar los anuncios de la televisión o abrir una revista o periódico, para ver que la mujer es carne que cualquier hombre puede comprar y desechar. El papel de la mujer como objeto de consumo masculino se difunde masivamente por internet, afectando no solamente a la normalización de la explotación sexual, sino también a la interiorización de la idea de que la mujer debe ser complaciente en la sexualidad con su pareja.

En definitiva, hemos avanzado en algunos aspectos, que duda cabe, pero no lo suficiente y, por otro lado, han surgido nuevas vulnerabilidades para las niñas y adolescentes de la mano de interner: sexting, sextorsión, pornovengativo, crisis de reputación, ciberacoso….

Por imperativo machista en la actualidad las niñas y adolescentes deben ser guapas, sexis y complacientes, incluso más que antes, y deben por supuesto obedecer. Y si reaccionan contra el maltratador rápidamente se dice que ellas son tan controladoras y agresivas como ellos. Las redes sociales las pueden hundir en un minuto, ofendiéndolas de una forma brutal, atacando su intimidad, destrozando su imagen, echándoles la culpa de todo, apoyando al agresor. ¿Por qué nos extraña que niñas y adolescentes sean víctimas de violencia de género? ¿Acaso lo tienen fácil para mantenerse apartadas de esa violencia? Yo diría que no.

Sobra sorpresa, lo que necesitamos es eficacia y el valor de reconocer que tenemos que cambiar el diseño de nuestras administraciones -repletas de inercia machista– si queremos dar protección real a las víctimas, y prevenir la violencia de género.

Que las y los menores crezcan en igualdad es posible si trabajamos por un nuevo modelo de interacción social y de intervención ante el machismo.

Amparo Díaz Ramos es abogada especialista en victimología y Violencia de Género. Es una de las socias fundadora de la sociedad Quiantika14 dirigida a promover el uso seguro e igualitario de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, y perseguir  la Ciberdelincuencia de Género y el cibercrimen en general. Y entre los muchos reconocimientos ha recibido el premio Meridiana, otorgado por el Instituto Andaluz de la Mujer, Junta de Andalucía, por su trabajo como jurista en defensa de las víctimas de violencia de género.

Uso de cookies

Mujeres Valientes utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies